|
LAS MUJERES QUE SE
POSTERGAN O LA CRISIS DE LOS CUARENTA
En un grupo de aprendizaje de tango se escucha el
siguiente diálogo:
- ¿ Se fueron a Mar del Plata? ¿Cuándo?
¿Cómo hicieron? ¿Cómo la pasaron?
- ¡Fantástico! Caminamos por la playa, por la rambla,
fuimos a bailar, dormimos hasta que nos hartamos.
- La próxima vez me avisan y voy con ustedes. ¡Ah,
no! ¡Cierto que tengo al gordo! (su bebé de 8 meses)
¡No puedo! ¡No puedo! ¿Cuánto tengo que
esperar para hacer lo que quiero?
Este diálogo nos invita a pensar: ¿cuál es
el tiempo de una mujer para desplegar proyectos personales?
Hagamos un recorrido evolutivo para desentrañar esta pregunta.
- Si bien el hijo es de la pareja, el compromiso corporal del
embarazo, el parto y el puerperio es de la mujer. Es ella quien
porta al bebé, la que registra los importantes cambios
corporales (agrandamiento de las mamas, pérdida de la cintura,
edemas en los tobillos, dolores lumbares, manifestaciones digestivas
como náuseas, acidez y vómitos).
El parto es el compromiso corporal por excelencia; de la mujer
depende la transición del estado fetal al nacimiento de un
ser con vida propia. La lactancia también implica un vínculo
de dependencia corporal y afectivo ineludible.
La energía puesta al servicio del cuidado del bebé
es mucho mayor en la mujer que en el hombre. En esta tarea están
comprometidas las funciones de autoconservación de la madre
como el sueño y la alimentación. Escuchamos decir
muy a menudo tratá de dormir cuando el bebé
duerma, aunque sean las cinco de la tarde y la casa esté
totalmente desordenada.
- En cuanto al aspecto cultural es de destacar que la legislación
de la mayoría de los países prevé licencia
por maternidad para la mujer y no para el varón, lo que
confirma que es ella la que está habilitada desde la ley
para cumplir con los cuidados del bebé. Tal vez este elemento
ayude a determinar el protagonismo del varón en la sociedad
patriarcal. Este protagonismo se funda en las producciones culturales
del hombre: al no utilizar su tiempo y su energía en la
crianza tiene la posibilidad de desplegar su creatividad y sus
proyectos en un espectro mucho más amplio y variado.
La mujer, más comprometida y limitada con la crianza y la
educación de los hijos se encuentra circunscripta al ámbito
privado. Este es su único espacio para desplegar su creatividad.
- Con respecto al aspecto psicológico la imposibilidad
de la mujer para encontrar su tiempo y su espacio en la realización
de proyectos personales, está vinculada con la internalización
de los mandatos culturales. Estos le asignan un rol fijo, estático
y permanente, por ejemplo el ser madre abnegada y esposa complaciente:
si hay que llevar a uno de los chicos a un cumpleaños ella
renuncia a la clase de gimnasia pero él no se pierde el
partido de fútbol.
El incumplimiento de esos mandatos trae un profundo malestar en
la mujer que se expresa en angustia, sentimiento de culpa (que le
impide desplegar su potencial con otras personas y en otros espacios)
y al sentimiento de desvalorización (que resulta de la comparación
inconsciente entre lo que es y lo que debería ser como mamá).
Después de este breve desarrollo retomamos la pregunta del
comienzo: ¿cuál es el tiempo de una mujer para desplegar
proyectos personales?. Al finalizar el período de crianza
se produce una sensación de vacío existencial, la
pregunta es ¿para quién soy ahora importante?
y no se encuentra respuesta porque el tiempo, la energía
y el espacio que ocupó esa tarea queda vacante y no existe
referente para el tiempo, la energía y el espacio de otras
producciones significativas que reemplacen esa pérdida. Ese
referente no existe porque la mujer; ocupada en la maternidad, no
tiene inscriptas aquellas experiencias de todo lo placentero y creativo
mas allá de ser mamá. El trabajo que se plantea es
la elaboración de un doble duelo: por un lado el desprendimiento
de los hijos que lleva a la conquista de una independencia cada
vez mayor y por otro, el enfrentamiento con la ausencia de otros
proyectos personales ajenos a la maternidad como el desarrollo intelectual,
artístico, laboral o simplemente otras actividades placenteras:
bailar, viajar, practicar deportes o mirarse el ombligo y no pensar
en nada. De acuerdo a como cada mujer haya vivido su historia infantil,
el vínculo con sus objetos significativos y sus experiencias
y aprendizajes presentes, podrá superar estos duelos y encontrar
el proyecto que la haga feliz.
Volviendo al título, ¿porqué la crisis de
los cuarenta?. Crisis significa cambio, movimiento que implica un
mejoramiento o empeoramiento de la situación. Uniendo esta
significación a ese momento vital (crecimiento de los hijos
y la postergación de los proyectos personales), entenderemos
la angustia y los miedos por los que transita pero también
toda la gama de posibilidades placenteras y de goce que ella puede
descubrir.
Silvia M. Azpillaga
Paulina Delmonte
Coordinadoras Grupo Terapéutico
“Conflictos de la Mujer”
Centro de Psicología Clínica Buenos
Aires
|