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Transitar la etapa media de la vida conlleva una serie de
cambios que se generan en todas las personas.
Con un mayor o menor grado de conciencia de los mismos, el
atravesamiento de una serie de situaciones nuevas implican
en una primera etapa: incertidumbre, temor, tristeza, sensación
de pérdida. Al movilizarse estos sentimientos surgen
intentos defensivos como negar y aferrarse a lo que se debe
abandonar.
Solo aceptando los cambios que las nuevas etapas de la vida
nos proponen, se puede avanzar, hacia un estado de bienestar.
La no aceptación es el pasaporte asegurado hacia el
malestar.
¿Cuáles son esos cambios?:
- Cuando una mujer llega al final de la etapa de crianza,
donde el rol maternal, fue uno de los principales ejes de
su vida, necesariamente deberá aceptar que sus prioridades
y objetivos deberán cambiar. Aún en el caso
de mujeres en quienes lo profesional o laboral también
constituyó uno de los ejes, este proceso se deberá
realizar.
- También coincidirá con una serie de cambios
físicos, que ya se habían ido registrando
y que requieren a su vez de una aceptación y acomodación,
dado que afectan a la identidad femenina y también
a la sexualidad.
- Envejecer no es algo fácil de aceptar y menos aún
con los parámetros que propone nuestra cultura, donde
ser joven, fundar una familia, ser madre y tener pareja
se constituyen como ideales y quien abandona dichos roles
o no cumplió a lo largo de su vida con los mismos,
registrará un déficit y una frustración
que afectará a la imagen de sí y a su autoestima.
- Perder protagonismo, disponer de tiempos y espacios que
no existían, necesariamente conectan a la mujer consigo
misma:”ya no debe estar para los otros”, tal
como los mandatos culturales le indicaron. El mundo de lo
propio está devaluado y asociado a lo egoísta.
Si la mujer no logra aceptar la oportunidad que tiene frente
a sí, que implica poder desplegarse en el ámbito
de lo propio e interpreta todo como pérdida y abandono
seguramente se instalará en su vida el malestar y la
queja. Vemos entonces mujeres que sienten que los hijos no
las quieren o no reciben la “retribución”,
que creen justa, en función “de todo lo que les
dieron” y “a todo lo que renunciaron por ellos”.
O bien mujeres que se quejan porque sus maridos no las tienen
en cuenta y donde lo que probablemente suceda es que esté
orientando su mirada y sus pretensiones hacia su pareja, esperando
inconcientemente que le llene ese vacío. Como vemos,
siempre orientada hacia los otros.
Si no logra aceptar su nuevo cuerpo y centrar sus expectativas
en quererlo y cuidarlo, también como se quiere lo propio,
seguramente se instalarán el malestar y la queja. El
cuerpo joven es más atractivo? Seguramente, pero ya
no lo es. Entonces vemos mujeres que compulsivamente pretenden
anular lo inevitable, recurriendo a cirugías permanentes,
dietas tiránicas, actividad física extenuante
y exagerada, todo esto no asociado a cuidarse y quererse,
sino para los otros.
ACEPTAR es una palabra clave para la salud psíquica
de hombres y mujeres y no sólo en relación al
tema que nos convoca.
Lic. Silvana Santoro
Centro de Psicología Clínica, Laboral y Forense
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