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PSICOTERAPIA FAMILIAR


Consideramos a la familia como un sistema que incluye un subsistema con diferente orden jerárquico (Parental y filial), que es convocada a terapia familiar cuando una crisis o disfunción afecta a sus integrantes.

Cada familia funciona a través de interacciones que responden a reglas explícitas e implícitas. Existe un ordenamiento y pautas de interacción que no son discernidas conscientemente. Son las “Pautas de vida”.

Rara vez cuando se necesita terapia familiar, suele haber un acuerdo sobre cual es el problema y de qué manera afecta a los demás.

Es el terapeuta quien debe redefinir la realidad conflictiva de la familia. Para ello toma los datos ofrecidos por sus miembros a través del relato y la escenificación en el consultorio, además evalúa la configuración y el funcionamiento dinámico. Este último se establece a lo largo de su historia y en él incide un orden transgeneracional.

Tampoco es habitual que quieran o puedan concurrir a la psicoterapia todos los miembros de una familia. Cada sujeto no es una isla solitaria sino que actúa en respuesta a estímulos que a su vez provocan reacciones en los demás. La modificación de las normas de interacción tiene incidencia en la familia entera.

La disfunción puede ser reciente o estar padeciéndose desde hace tiempo y la consulta se posterga para evitar sentir vergüenza, culpa, dolor o miedo al cambio.

Pedir una consulta por bajo rendimiento escolar, ingesta de drogas, un episodio aislado de violencia de un hijo o dificultad para ejercer la autoridad parental, no es igual si la situación se ha convertido en una conducta estereotipada y hasta es considerada habitual.

En referencia a las crisis se pueden encuadrar en tres categorías, que generalmente se superponen:

  • estructurales
  • de desarrollo
  • por situación penosa inesperada

Crisis estructurales: se incrementa la tensión periódicamente, es decir de manera recurrente por alguna causa interna o externa y la familia reacciona siempre con las mismas pautas de comportamiento. La crisis impedirá el cambio en lugar de constituir un esfuerzo por promoverlo. Es el caso de familias violentas, con un miembro alcohólico o adúltero.

Crisis de Desarrollo: Es universal y por ende previsible, por ejemplo: nacimiento de un hijo, inserción laboral de la mujer después de la maternidad, sexualidad adolescente, independencia de los hijos y abandono del hogar. En cada estadio evolutivo son inevitables crisis de algún tipo, dependiendo de la capacidad funcional de la familia para acompañar a la persona en esa etapa. No se debe acelerar ni demorar el cambio. La separación y el divorcio no constituyen verdaderas crisis de desarrollo, aunque por su frecuencia parecen serlo.

Crisis por Situación Penosa Inesperada: Es provocada por un acontecimiento que no se podía haber previsto. No es apropiada la búsqueda de culpables “alguien podría haber hecho algo”, ni el profundo examen de conciencia –aunque generalmente ambos suceden- sino realizar un esfuerzo común para que esta desgracia pueda sobrellevarse y a la vez constituir la oportunidad para resolver problemas estructurales si los hubiera.

El objetivo de la psicoterapia familiar es implementar una estrategia terapéutica para conservar aquello que funciona bien en los consultantes y determinar la inflexibilidad de su dinámica y la dificultad para realizar los cambios necesarios para lograr una adaptación funcional.

Lic. Olga Fernández
Psicóloga
Centro de Psicología Clínica “Buenos Aires”


 

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