|
Para algunos niños, inclusive adolescentes, alejarse
del hogar o de los seres con los que está familiarmente
vinculado, es un hecho que les genera una gran ansiedad, que
suele ser desproporcionada en relación a la edad cronológica.
El “miedo a la separación”
es un mecanismo de protector que defiende al pequeño
de los peligros en los primeros años de la vida y es
bueno que este mecanismo natural exista dada la indefensión
del cachorro humano. Esta conducta, que con el crecimiento
va desapareciendo, en algunos casos se perdura, y si se prolonga
en el tiempo, se comienzan a generar trabas e inhibiciones,
tanto a nivel social como escolar.
Estos niños evitan ir a la casa de amigos, a los cumpleaños,
campamentos, etc. Si son forzados a realizar alguna de dichas
actividades, se angustian y no pueden integrarse ni disfrutar
de la misma, llegando en muchos casos a que sea necesario
llamar a sus padres para que logren calmarse. A veces, aún
en el ámbito del hogar, les cuesta estar solos y buscan
estar en la misma habitación en la que se encuentra
algún familiar.
La hora de irse a dormir es otro momento problemático,
ya que es necesario que alguien se quede con ellos hasta que
conciben el sueño.
Las pesadillas se dan con bastante frecuencia, las mismas
son la expresión de sus miedos (sueñan con catástrofes,
que se encuentran solos y perdidos en un lugar desconocido
o que algún ser querido se muere).
Cuando se les anuncia la situación de separación,
es bastante común que aparezcan síntomas físicos
como dolores de cabeza, de estómago e incluso vómitos.
Los niños con este transtorno suelen ser exigentes
e intrusivos y necesitan que constantemente les presten atención,
presentando con frecuencia un estado de ánimo deprimido.
No cabe duda de que la escuela es una de las situaciones
más evitadas y temidas. Los momentos más críticos
son el comienzo del ciclo escolar, luego de las vacaciones,
o al iniciarse la semana. También aquí se aislan,
les cuesta interactuar y son bastante distraídos. Hay
casos extremos en los que la angustia es tan insoportable
que se escapan de la escuela para volver a sus casas.
La mayoría de los miedos de los niños, pronto
son superados y no requieren una especial atención
más de la que habitualmente brindan un papá
o una mamá; pero si el miedo es persistente y muy angustioso
como en el caso que describimos, resulta conveniente que el
niño sea tratado ya que la ansiedad de separación
y la fobia escolar son factores de riesgo y precursores del
desarrollo de un posterior síndrome de pánico.
Volver
|